Agradecida de conocer(me)



Siempre sentí que la parte más sensible de mi, esa que lloraba viendo una película, esa que se emocionaba por la alegría ajena, esa que no ponía barreras a lo que sentía era un error. Era algo que había que ocultar. Algo que proteger. Algo que no mostrar al mundo y que sobre todo, tenía que aprender a controlar porque sentía que me hacía débil.


Hoy me doy cuenta que esa parte es la que me hace sentirme más viva. Esa es la parte que me hace disfrutar de los atardeceres más bonitos, que me hace saborear la taza de café recién hecha, esa es la que mueve la ilusión de ser, de dar, de recibir, y de no conformarme con vivir en el automatismo.

Esa es la parte que me hace ser más yo.


Esa es la parte que me pide ver mundo, caminar entre arboles, sentir como el mar me atrapa y me sostiene mientras floto. Porque me emociona sentir más, me emociona sentir lo más puro de la vida.


Quizás he perseguido siempre hacer las paces con ella a la vez que la he combatido. Y eso es lo que me ha hecho ser intensa, y caerme tantas veces en la falta de coherencia entre lo que sentía realmente y lo que hacía.


Me ilusiona especialmente saber que estoy descubriendo una parte de mi que se abre a la vida de una manera en la que no me han educado, que es una decisión racional de querer estar. De querer ser. De dejar de lado lo que ensordece.


Hoy me siento agradecida de saber que me gusta sentir. 

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