De manera aleatoria

Caigo en la cuenta de que a diario, en algún momento en el que me desconcentro, hay un pensamiento que se escapa de las redes del orden mental, de lo que me he construido como mi tranquilidad y calma, o trato de construir diariamente. Ese pensamiento rebelde que pega un salto a la valla, en el momento en el que menos lo espero, o lo quiero, y me hace tener que girar la vista a ese lado en el que hay un cartel enorme con tu nombre y tras él todo lo que un día me hizo feliz, solo que ahora envuelto una niebla de mentiras, e ilusiones rotas. Y me dueles. En ese momento el corazón se ralentiza al menos por un segundo, en el que dueles tanto que debería ser ilegal que hubieses podido poner ahí ese cartel, o que hubieses formado parte del lado interno de la muralla, que lo hubieses adaptado todo a ti y luego un día, de imprevisto, ya no estuviese nada más que las paredes vacias y una valla con tu nombre en el exterior.

Eres el suspiro casi imperceptible que sale en ese silencio tras una conversación con alguien hablando sobre amor, el cigarrillo en horas indecentes en la habitación, esa canción que tiene un tono nostálgico y se pone en Spotify de manera aleatoria, el perfume de un desconocido en la calle con el que me cruzo y me obliga a mirar de reojo, eres las mañanas en las que alargo el brazo buscando un abrazo, el tuyo.

Y en todos esos momentos milimétricos dueles, como ahora mismo, que eres de nuevo ese pensamiento que intenta no entrar en las puertas de la cordura racional, esa que dice que tú y yo ya no vivimos dentro de los mismos muros, que este corazón ha puesto una valla con picos solo franqueable de vez en cuando por la idea loca de que ojalá no fueses solo un pensamiento.


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