Cambié el texto cinco veces antes de publicarlo


Me tiembla el corazón ante la posibilidad de aceptar que siento una debilidad real, y aunque los ojos no sepan mentir, ni las sonrisas tontas, sigo negándome a mi misma que en el fondo, no soy más que esa chica del ramo de flores, escondiendo sus mejillas, poniendo delante algo del mismo color, gritando sin palabras en un idioma universal que las espinas me dan igual, he venido a quedarme con el ramo bonito. Contigo. Sin prisas, porque voy en tacones, porque tengo unos cuantos rasguños. Porque nos merecemos que este ramo sea realmente único, indefinible e incomparable con los anteriores. 


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