La amante


Quizás sea cierto que nos mentimos a nosotros mismos pero somos conscientes de la verdad, quizás esa voz de alarma que saltaba de vez en cuando y aplacaba con comprensión hacia sus actitudes no era más que una faceta para creer en que un día todo sería distinto, que por fin funcionaria. A la luz, con todos sus colores y formas, que todo por fin rodaría, de la mano. De tu mano cogida de la mia.

Y no puedo negar haberte querido de verdad todos aquellos días en los que la carretera se volvía autopista de la velocidad a la que iba para llegar a tu portal y marcar las tres teclas que me harían correr por las escaleras si el ascensor no se daba prisa. Y es que la noche para mi se volvía día cada vez que abrías la puerta y veía tu sonrisa. Para mi no habían errores ni aciertos si hablábamos de amor porque todo era comprensible y relativo solo para no mostrar que "te ataba", que quería más. Que me volvía loca con cada caricia en la mano mientras sujetaba la copa de vino, o ese beso en la mejilla al terminar de cenar. No podía hablar de qué era el amor como tampoco podía negarme un solo día a tu propuesta de ir a verte. Quizás porque simplemente ya te quería o porque quería que me acabases queriendo. Quizás ambas.

Y los meses pasaron con sus días, con sus mil horas mirándote de reojo reir, hablar, tus enfados y tus caras serias, y no importaba qué viese, que todo era simplemente increíble porque sabía que tras cada día o par de días de ese verano caluroso, agotador y desesperante, llegaría el momento en el que nos mirábamos y preguntábamos qué había de cenar como pretexto de vernos, y evaluarías mi reacción para ver si me daba ilusión y yo intentaría con todas mis fuerzas reprimir una sonrisa aunque el alma me gritaba a todo volumen la melodía más feliz que uno pudiese imaginar. Y las personas de mi alrededor me preguntaban qué era lo que me daba energías todas las mañanas que parecía que relucía. ¿Qué les iba a responder yo? Que la ilusión desmesurada que se había forjado desde casi el primer día que te vi comenzaba a ser real para mi, que parecía que todo era raro, sí, muy raro, pero había que aceptar que él tenía sus miedos, y yo le quería con todos ellos, porque le ayudaría a perderlos.


Y es que intento creer que eran los miedos los que no te dejaron decirme la verdad, que no querías hacerme daño, pero como ya he dicho, aunque nos mintamos somos conscientes de la verdad, y mientras yo soñaba con verte, tu soñabas en la cama de otra.

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