Cordones de color blanco y negro
Siento un nudo en el corazón, de esos que encuentras a veces en alguna cuerda o cordón que parece que lo han hecho tan fuerte, que te planteas desistir casi al segundo intento.
En mi cabeza siempre parece que existen dos versiones que no saben convivir de manera pacífica, por un lado encontramos la que es demasiado razonable, la que pone los puntos en las íes, la que ve la absurdez a una legua y ya te dice que cambies de dirección. Supongo que la versión que ha crecido a palos, la que te dice a gritos que los cuentos no existen, que aquí las cosas claras y el chocolate espeso. Y por otro lado, está esa que parece un filósofo relativo, la que no es que te diga que hagas locuras a cada minuto, sino que solo te pregunta " ¿y por qué no?". La que me dice " quien no arriesga no gana" o frases típicas que nos consuelan antes de hacer una gilipollez o tomar una gran decisión. Y por mucho que la objetividad me de razones (unas quinientas mil aproximadamente) como para abastecerme la vida entera de "no"s, las preguntas siempre me acaban superando, la curiosidad, o a veces la ingenuidad de pensar que la gran mayoría de instintos son prejuicios.
Y supongo que me he acostumbrado a vivir con el nudo en la garganta de a ver si la cagaba otra vez más, que con el nudo en el corazón. Porque el problema es que por primera vez en mi vida, ese "¿y por qué no?" no se plantea como una ensoñación, con ilusión, sino con desgana.
Y yo que sé si a la gente le pasa, pero me echo de menos.
En mi cabeza siempre parece que existen dos versiones que no saben convivir de manera pacífica, por un lado encontramos la que es demasiado razonable, la que pone los puntos en las íes, la que ve la absurdez a una legua y ya te dice que cambies de dirección. Supongo que la versión que ha crecido a palos, la que te dice a gritos que los cuentos no existen, que aquí las cosas claras y el chocolate espeso. Y por otro lado, está esa que parece un filósofo relativo, la que no es que te diga que hagas locuras a cada minuto, sino que solo te pregunta " ¿y por qué no?". La que me dice " quien no arriesga no gana" o frases típicas que nos consuelan antes de hacer una gilipollez o tomar una gran decisión. Y por mucho que la objetividad me de razones (unas quinientas mil aproximadamente) como para abastecerme la vida entera de "no"s, las preguntas siempre me acaban superando, la curiosidad, o a veces la ingenuidad de pensar que la gran mayoría de instintos son prejuicios.
Y supongo que me he acostumbrado a vivir con el nudo en la garganta de a ver si la cagaba otra vez más, que con el nudo en el corazón. Porque el problema es que por primera vez en mi vida, ese "¿y por qué no?" no se plantea como una ensoñación, con ilusión, sino con desgana.
Y yo que sé si a la gente le pasa, pero me echo de menos.

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