Bú, mundo

Gran parte de mi vida he pensado que ha habido algo en mi que fallaba. Que igual no era del todo abierta, que no me salían los chistes de la boca de manera natural, o que a veces mi risa sonaba demasiado fuerte, demasiado incómoda. Que mis comentarios no encajaban en parte de las conversaciones y notaba ese silencio molesto que precede a una sonrisa condescendiente que te dice "ya, qué graciosa, va, relájate". Y me decía a mi misma que nada me importaba, pero al dar una opinión personal delante de un colectivo nuevo, los labios me temblaban y el corazón me tamborileaba por miedo a dar una imagen errónea, por fallar en algo y que las personas me juzgasen rápidamente. Por no enseñar que en realidad tenia flaquezas ahí donde mirasen, no me sentía segura de nada y aún así trataba de ir con la cabeza bien alta pero con los mofletes rojos.

Supongo que por eso hace casi un par de años decidí que realmente iba a ir en contra de lo estipulado, porque al fin y al cabo, si fallaba en las cosas normales, iba a hacer las que me gustasen por anormales que fuesen. Y que si algo me daba miedo, lo iba a hacer aún con más ahínco. Si tenia miedo a la opinión pública, primero quería enfrentarme a ella de frente.

El arte, por mucho que se pudiese interpretar de manera distinta, y era consciente de que la gran mayoría de jueces iban a verlo como recriminatorio, me lancé a aceptar ciertas facetas de mi que me hacían sentir fuerte. Sensual, atrevida, incluso podríamos decir que descarada ante la sorpresa generalizada. Empecé a abrazar la idea de que quizás sí, que no se me daban muy bien ciertas habilidades comunicativas, pero y qué más daba si no tenía tantos amigos, ni una pareja que entendiese mis rompecabezas, a veces ni yo misma me entendía pero sabia que ahí veía algo que me gustaba y había que apostar por ello.

Ayer, me di cuenta, que para las pocas personas que tengo en mi vida, se han acostumbrado totalmente a mi escándalo, a mi manera de reir, a que a veces hago comentarios raros o que me pueda trabar hablando. Quien quiere quererte, te quiere con esos matices.

Y me di cuenta de lo bien que hice el día que decidí que prefería asustar al mundo que asustarme de él. 



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